Aaron Swartz


Este texto corresponde a la tarea final del curso "Introducción a Internet y derechos humanos" impartido por la Fundación vía libre el cual consiste en hacer una breve reseña y análisis del caso del programador y activista Aaron Swartz quien se suicidó en 2013, a la edad de 26 años, mientras enfrentaba cargos por invasión de propiedad intelectual.




Aaron


Liberar el conocimiento académico fue una de las grandes batallas de Swartz. Las publicaciones científicas (incluso aquellas cuyo copyright había vencido hace décadas) también viven presas de un sistema cuyo acceso requieren de una forma de dinero e identificación: tarjeta de crédito. Cobrar por acceso a documentos que pertenecen al dominio público no solamente es una estafa sino un freno al progreso. En Estados Unidos, un estudiante o investigador universitario debe pagar costosas sumas para poder recorrer las grandes bases de conocimiento.
Pero en las universidades prestigiosas coma MIT (Massachusetts Institute of Technology), Harvard o Stanford es frecuente que subsidien a sus estudiantes dándoles acceso gratuito a estos sistemas.
Cuando Aaron pasó una temporada en Boston estudiando en el MIT, decidió aplicar la misma técnica que uso con PACER al sistema privado de JSTOR, Una de las cinco empresas más importantes que ofrecen acceso a documentación académica. Iba todas las tardes a la biblioteca del MIT y así armó un sencillo software que le permitió bajar a un disco duro externo casi 24  millones de papers académicos. Una cámara de seguridad logró captar una Imagen de Aaron dejando su laptop y el disco duro conectados directamente al servidor que se usa en el MIT para ofrecer el servicio de JSTOR. Con estas imágenes el FBI consideró tener suficiente material para enjuiciarlo e iniciarle una causa penal. Esto le valió la fama en los medios de comunicación y desde luego el inicio de un juicio: la pena que le fue asignada eran 35 años de prisión o una multa que ascendía a 4 millones de dólares, esta absurda sentencia lo llevó a suicidarse el 11 de Enero de 2013.

Aaron en México


No estoy muy documentado con casos específicos en México acerca de delitos por descargas y distribución de material intelectual por internet .Sé que en los últimos años a través de las reformas constitucionales se ha amplificado la atención a las TIC’s. Entre las iniciativas de ley propuestas por el actual presidente, Enrique Peña Nieto, en las que algunas afortunadamente no procedieron, castigaban severamente el uso del Internet, como su propuesta en Ley de Comunicaciones del artículo 197, fracción VII, en el que proponía “bloquear, inhibir o anular de manera temporal las señales de telecomunicaciones en eventos y lugares críticos para la seguridad pública y nacional a solicitud de las autoridades competentes”.
En el caso de las descargas electrónicas de Aaron, de haber acontecido en México, no parece que hubiera tenido mayores consecuencias, las instituciones universitarias de mayor prestigio en México son públicas y cuentan con sistemas abiertos para acceder a textos científico y académicos, en todo caso las sanciones no son tan severas como las que le fueron impuestas en su país.  El Código Federal Penal en México en su artículo 211 bis señala: Al que sin autorización conozca o copie información contenida en sistemas o equipos de informática protegidos por algún mecanismo de seguridad, se le impondrán de tres meses a un año de prisión y de cincuenta a ciento cincuenta días multa.
Sin embrago, la publicación de información que afecte la imagen tanto de los gobiernos como a las grandes empresas sí es una de las actividades de mayor riesgo en México, en lo que va del 2015, se han documentado 227 ataques a periodistas, intentando menguar la ya deficiente libertad de expresión.
Los casos como el despido de la periodista Carmen Aristegui de la cadena MVS, así como el reciente caso del asesinato del fotoperiodista Rubén Espinosa en la Ciudad de México son sólo la punta del iceberg entre centenares de agresiones a la libertad de expresión.
Si alguien sabía el poder de la información era Aaron, y al estar ante situaciones de injusticia actuó a través de su talento y sus medios. Sería absurdo suponer cuál hubiera sido su suerte, sin embrago no es difícil imaginar que en las mafias de poder instaladas en México Aaron sería el último se sus personas favoritas, ya que también fue un experto en desenmascarar la corrupción y los vínculos entre los poderoso grupos económicos.

Conclusiones

El Internet sigue siendo un campo muy joven a pesar de su gigante crecimiento, no obstante me parece de lo más importante recuperarlo de todos los sistemas de poder que han secuestrado algunos aspectos de esta tecnología. Como siempre, somos muchos más los que habitamos este terreno informático que los están tratando de controlarlo. Ningún aspecto del Internet nos es ajeno, aunque no desarrollemos lenguaje alguno de programación, al ser un usuario alimentamos y aportamos al gran fenómeno del Internet, y hace mucha falta generar conciencia de que ésta es una propiedad tecnológica al cual tenemos derecho de todo ser humano.

“El Internet es la forma de expresión más emocionante, moderna y desarrollada que existe. Y la expresión es un derecho humano. Claro que el internet debería serlo también.” Aron Swartz

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