No tengo nada para esconder… admiro
profundamente todo mi cuerpo, de tal suerte que no gasto en moda, me regocijo en
las partículas del aire acariciando mi piel, donde por cierto he tatuado en
letras grandes y rojas mis contraseñas del banco, correo electrónico y redes
sociales para no olvidarlos y por si a alguien se le ofrece conocerme un poco
más a fondo de lo que sólo puedo dar a conocer en un simple twitt.
No tengo nada para esconder… mi
forma de pensar y de sentir son tesoros que me hacen un ser auténtico y
valioso; por eso transmito cada martes a las 5pm en un podcast en vivo mis
sesiones con el psicólogo. Mi salud no es precisamente excelente por lo que de
igual manera, en el mismo horario los viernes es transmitida mi cita con el
médico, en el caso de que alguien tenga para mí un mejor consejo del que puede
ofrecerme el doctor. Todo queda archivado
en mi blog, por si alguna persona quiere indagar un poco sobre mi persona más
allá de lo que sólo puedo compartir en mis fotos de Instagram.
Nada que esconder… Mi casa está
siempre abierta, todos son bienvenidos, las llaves de mi auto están siempre
pegadas a la puerta, los horarios y lugares que frecuentan mi familia las
notifico en mi muro de Facebook junto con sus retratos… es que me molestan de
sobremanera las publicaciones de la gente que solo suben las fotos de su
desayuno.
No es que me encante llamar la
atención, no obstante prefiero tener mi conciencia limpia sin nada que ocultar,
como dijo Cicerón “Mi conciencia tiene para mí más peso que la opinión de todo
el mundo”.






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