El Dominio Público, ese acervo común de nuestras culturas, nació en el momento mismo que el hombre se constituyó como miembro de una sociedad, en el momento que se agrupo con otros como él. Es un producto de las interrelaciones, de la capacidad de sentir y expresar de nuestra especie y de las tradiciones que hemos desarrollado desde que estamos en este planeta.
El libre
acceso al conocimiento y la posibilidad de tomar las obras y expresiones
creativas para generar nuevas, es un acto tan antiguo como la humanidad misma.
De no haber sido así, nos estaríamos hoy leyendo esto, comprendiendo este
lenguaje, operando en la Internet ni entendiendo lo que quiero transmitir.
El estado
natural de la creación humana es el Dominio Público: “los derechos de propiedad
intelectual son la excepción y no la regla; las ideas y los hechos siempre
deben ser de Dominio Público, como el aire”.
Desde la llegada
de tecnologías que permitieron una mayor participación en la cultura y
ciencias, los derechos de autor se han convertido en una barrera de acceso al
conocimiento. Esta barrera, en principio, no es negativa ya que permite a los
autores poder beneficiarse del esfuerzo que realizaron al crear sus obras. El
problema está en que estos derechos no necesariamente están pensados en el
beneficio de los propios autores, si no que las políticas para establecer los
regímenes de derechos de autor responden a los intereses privados de
actores económicos detrás de la industria cultural y científica.
Con toda
razón hay una reacción de alarma ante el proyecto de ley en Argentina promovido
por la diputada Liliana Mazure que intenta ubicar a las fotografías en un
período de protección de sus derechos de autoría por un lapso de 70 años una
vez fallecido su autor, una iniciativa envuelve a miles de imágenes que ya
gozaban del dominio público
En una era en
el que la comunicación visual es tan importante, los perjuicios a la comunidad por
la reconstitución de los derechos autorales a todas las piezas fotográficas que
alcance la propuesta de ley, es enorme, un golpe muy duro al acceso a la
cultura.
Un dominio
público fuerte y activo en los ámbitos cultural y científico constituye un
elemento fundamental del patrimonio común de la humanidad y, como tal, debe ser
accesible a todos. Es, además, un propulsor esencial del desarrollo social y
económico, que debería protegerse de una privatización y usurpación indebidas y
debería constituir un mecanismo para contrarrestar los efectos de la
exclusividad de la propiedad intelectual.
La cultura,
como dijo Federico García Lorca, es el alimento del alma, es indispensable para
el desarrollo humano. Defender la cultura también implica garantizar su acceso.
Estas son algunas de las fotos históricas que vamos a perder si se aprueba el proyecto de @lilianamazure y @argra_ pic.twitter.com/tYJmkB1aUG
— scann (@scannopolis) septiembre 29, 2015






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